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Vida

08/03/2018 5:22 am ET

No dormir puede ser un tratamiento contra la depresión

Mantener a la gente despierta en un hospital durante horas puede parecer una extraña manera de darle batalla a la depresión, pero esto se vislumbra como una terapia promisoria para algunas personas.

El primer signo de que algo sucede está en las manos de Angelina.

Mientras habla en italiano con una enfermera, empieza a gesticular, formando círculos en el aire con sus dedos. Los minutos pasan y Angelina se vuelve más animada. Se nota una musicalidad en su voz que no tenía un tiempo antes.

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Las líneas de su frente parecen suavizarse. La manera en que frunce sus labios y las arrugas alrededor de sus ojos dicen mucho acerca de su estado mental.

Angelina está reviviendo precisamente a la misma hora en que la fuerza de mi cuerpo parece agotarse.

Son las 2 de la madrugada y estamos en una luminosa cocina de una guardia psiquiátrica de Milán, comiendo espaguetis. Hay un persistente dolor detrás de mis ojos y no puedo concentrarme. Angelina, en cambio, no se irá a la cama hasta dentro de unas 17 horas.

Privar a alguien del sueño tiene efectos opuestos en personas sanas y en aquellas que sufren depresión”

Francesco Benedetti, psiquiatra

Estoy preparándome para afrontar una larga noche. Como para reafirmar su convicción, Angelina se quita las gafas, me mira directamente y señala sus ojos grises con sus pulgares. “Occhi aperti”, dice. “Ojos abiertos”.

Cronoterapia

Es la segunda noche en que Angelina ha estado deliberadamente despierta. Para una persona con desorden bipolar, que ha pasado los dos últimos años sumida en una profunda depresión, esto puede sonar como lo último que necesitaría. Pero Angelina -y los médicos que la atienden- creen que esto puede ser su salvación.

Durante dos décadas, Francesco Benedetti, que dirige la unidad de Psiquiatría y Psicobiología Clínica del Hospital San Rafael de Milán ha estado investigando la terapia de mantenerse despierto, combinada con la exposición a una luz brillante y litio como una manera de tratar la depresión en aquellos casos donde la medicación no ha funcionado.

Como resultado, psiquiatras de Estados Unidos, Reino Unido y varios países europeos están empezando a lanzar variantes de ese método en sus propias clínicas.

Estas cronoterapias parecen trabajar poniendo en marcha un lento reloj biológico y al hacerlo están echando luz sobre la patología de la depresión y de manera más general sobre la función del sueño.

“Privar a alguien del sueño tiene efectos opuestos en personas sanas y en aquellas que sufren depresión”, dice Benedetti. Si uno está sano y no duerme uno está malhumorado Si uno está deprimido, puede activar una mejora inmediata del humor de la persona, así como en sus habilidades cognitivas.

Benedetti aclara que hay una trampa: cuando uno se va a dormir y se pone el día con las horas de sueño que había perdido, hay un 95% de probabilidades de tener una recaída.

Fue en 1959 cuando se habló por primera vez del efecto antidepresivo de la privación del sueño. Fue en un informe publicado en Alemania. Eso atrajo la atención del alemán, Burkhard Pflug, que investigó el tema en su tesis doctoral y en posteriores estudios en los años 70.

La gente se va a dormir cada dos noches, pero cuando lo hace puede dormir tantas horas como quiera”

Francesco Benedetti, psiquiatra

Dijo haber confirmado que mantener a una persona despierta durante una noche podía sacarla de la depresión.

Alternativa a la medicación

Benedetti se interesó por esa idea a comienzos de los años 90 cuando era un joven psiquiatra.

El Prozac había sido lanzado unos años antes, revolucionando los tratamientos contra la depresión, pero esa droga no había sido probada en personas con desorden bipolar. De todos modos, Benedetti sabía por experiencia que los antidepresivos no surtían efecto en personas con esa enfermedad.

Sus pacientes necesitaban desesperadamente una alternativa y su supervisor, Enrico Smeraldi, tenía un as bajo la manga. Tras haber leído algunos artículos sobre la terapia de la privación del sueño, probó esas teorías con sus propios pacientes y tuvo resultados positivos. “Vimos que funcionaba”, recuerda Benedetti.

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