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Venezuela

16/11/2017 11:06 am ET

Reportaje del BBC Mundo reveló el horror que sufren 400 familias venezolanas en un campo petrolero

Albert, un niño risueño de 6 años, es un exiliado en su propia casa, la número 727-A de la calle Cojedes del asentamiento petrolero Campo Alegría en Lagunillas, uno de los municipios más ricos en reservas y explotación de hidrocarburos de Venezuela, resñó BBC Mundo.

Su cuarto de colores alegres dejó de ser suyo hace dos años. Los suelos de su antigua habitación y de un anexo no dejan de hundirse. Sus paredes se quiebran.

Una hendidura se bifurca desordenadamente a sus espaldas mientras ve, absorto, una serie animada en la televisión el primer viernes de noviembre.
No hay día en el que el pequeño no exprese pavor.

“¿Qué sonó?”, le pregunta sobresaltado a Gaye, su madre, siempre que las paredes crujen. El traquido y su duda son cada vez más frecuentes.
Las grietas emanan de esos espacios de acceso prohibido hasta abrazar muros, vigas, pisos. Las fisuras se multiplican cual virus dentro de huésped sin defensas. Rompen bloques de cemento y dinteles de puertas. Ya ocupan tres de las cuatro piezas de la residencia de los Chirinos.

Su hogar puede desplomarse en cualquier segundo.

Es una certeza que reposa en el informe elaborado el 9 de abril de 2016 por los bomberos e ingenieros de Protección Civil tras evaluar las condiciones de riesgos de las 354 casas existentes entonces en Campo Alegría.

La zona, donde habitan desde hace 89 años trabajadores activos y jubilados de la industria petrolera, sus viudas y familiares, la declararon “de alto riesgo e inhabitable” por culpa del “hundimiento continuo y progresivo del terreno, salitre, corrosión y licuefacción o inconsistencia de los suelos”.

Gerardo Núñez, profesor de Geología de la Escuela de Ingeniería Geodésica de la Universidad del Zulia, explica que el descendimiento de la superficie es un fenómeno natural en áreas donde se extraen hidrocarburos, como Lagunillas.

“El hidrocarburo está contenido en los poros de la roca del subsuelo. Estas rocas son areniscas, poco consolidadas. Cuando extraes su fluido, contenido a presión, la misma sobrecarga provoca que los granos de esa roca se reordenen y el suelo cede”.

Hay técnicas que pueden rehabilitar los yacimientos, como la inyección de agua o gas, pero advierte que solo contrarrestan el efecto sin solventarlo por completo.

“No es algo que se pueda revertir. Ese terreno en Campo Alegría va a colapsar”.

Cinta plástica para el estrés

“Reubicación ya”. “S.O.S.”. “Se hunde nuestra casa”. Los mensajes de alerta, escritos con letras azules, se reproducen en decenas de fachadas en Campo Alegría. Los clamores se han descolorado con el tiempo.

Protección Civil recomendó hace 18 meses el desalojo inmediato de todos los residentes, quienes no son dueños de las viviendas sino que el Estado venezolano se las asignó.

El plan Subsidencia Cero permitió reubicar a las poblaciones empobrecidas de La Obrerita, Tacovén, Turiacas, Párate Ahí, Cabeza de Toro y las Coreas, entre otras.

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