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Variedades

24/03/2018 9:00 am ET

Famoso tratamiento con abejas mata a una mujer

Durante dos años, se dejó picar por abejas una vez al mes.

Formaba parte de un tratamiento llamado apiterapia, que utilizaba para aliviar unas contracturas musculares y el estrés.

Pero un día, después de que la primera abeja la picara, la mujer española, de 55 años de edad y residente en Madrid, comenzó a jadear y a presentar dificultades para respirar. Luego perdió la conciencia.

Su terapeuta le administró rápidamente medicación con esteroides, pero no había adrenalina disponible para reanimarla.

La ambulancia tardó media hora en llegar, los rescatistas trataron de darle los primeros auxilios, pero pronto constataron que la mujer se encontraba en coma y necesitaba ser entubada.

Luego de varias semanas en el hospital, en el que se le diagnosticó una falla multiorgánica, la mujer murió.

Es el primer fallecimiento reportado en el mundo a causa del tratamiento con abejas.

Entre lo más llamativo del incidente estaba que la paciente no tenía antecedentes de ninguna otra enfermedad, factores de riesgo o reacciones alérgicas previas que pudieran dar una explicación a lo que sucedió.

El caso se conoció esta semana, tras la publicación de un informe en la revista Journal of Investigational Allergology and Clinical Immunology, que ha puesto en tela de juicio el ya polémico tratamiento.

Los investigadores del Hospital Universitario de Madrid aseguran que lo sucedido demuestra los riesgos de la terapia, que califican de “insegura y desaconsejable”.

Pero ¿en qué consiste este polémico procedimiento y por qué genera tanta preocupación entre la comunidad médica?

Picadas de abeja

La apiterapia es un tratamiento que algunos remontan al Antiguo Egipto, Grecia o China, pero que nunca ha sido avalado por la comunidad médica.

Basa su funcionamiento en el uso productos de las abejas, que pueden ir desde la miel o jalea real hasta la apitoxina o veneno de abejas, utilizados, según sus promotores, para prevenir y tratar enfermedades y dolencias de todo tipo.

Diversas páginas de internet promocionan los “milagrosos” beneficios de estos tratamientos, aunque lo cierto es que son principalmente anecdóticos y no están avalados por ningún estudio científico serio.

La teoría detrás del tratamiento es que las picaduras de abejas causan inflamación y esto conduce a una respuesta antiinflamatoria por parte del sistema inmune.

Los tratamientos se aplican a personas que padecen desde dolores corporales hasta cáncer, Parkinson o incluso esclerosis múltiple.

Sin embargo, la Fundación para la Esclerosis Múltiple, con sede en Reino Unido asegura que “no hay investigaciones que demuestren que sea un tratamiento efectivo para las personas con esta enfermedad”.

Un estudio de 2008 de los enfoques no convencionales para tratar la dolencia encontró que solo había “evidencia marginal” de la terapia de veneno de abeja.

Sin embargo, la terapia también sus defensores.

Defensores y detractores

Una de las voces más conocidas a favor de la técnica es la de actriz estadounidense Gwyneth Paltrow, quien en una entrevista con The New York Times en 2016 confesó que la utilizaba con frecuencia.

“Me han picado las abejas. Es un tratamiento de miles de años llamado apiterapia. La gente lo usa para deshacerse de la inflamación y las cicatrices. De hecho, es bastante increíble si lo investigas. Pero, hombre, es doloroso”.

El año pasado, el actor escocés Gerard Butler reveló que le habían inyectado veneno de abeja para tratar de ayudar a reducir una inflamación.

Terminó en el hospital después de que le inyectaran el veneno de 23 abejas.

Contó que sintió que su corazón iba explotar y como hormigas bajo la piel.

Ricardo Madrigal-Burgaleta, uno de los autores del informe publicado esta semana, considera que los “riesgos de someterse a la apiterapia pueden exceder los presuntos beneficios, lo que nos lleva a concluir que esta práctica es tanto insegura como desaconsejable”.

Mientras, Amena Warner, directora de servicios clínicos de alergia de Reino Unido opina que el público debe ser muy consciente del uso poco ortodoxo de alérgenos como el veneno de abeja.

“Conlleva riesgos y, en individuos susceptibles, puede provocar reacciones graves que amenazan la vida”, afirma.

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