Connect with us

Variedades

18/03/2018 3:15 pm ET

¿Cuán maquiavélico era realmente Maquiavelo?

Ser maquiavélico es ser un seguidor de los principios de Maquiavelo, o bien “astuto y engañoso”, dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua.

Esta definición a menudo se reduce a la máxima “el fin justifica los medios” y los periodistas disfrutan de aplicar este epíteto a los políticos.

Pero, si examinamos la obra y fuentes de Maquiavelo, ¿revelarán que también se le puede aplicar a él?

Maquiavelo escribió “El príncipe” en 1513 mientras estaba exiliado de Florencia.

Había servido al gobierno florentino en varias posiciones desde 1498, llegando a ser secretario del segundo canciller, lo que implicó numerosas misiones diplomáticas.

Lee también: ¿Qué es la Vigorexia?

En el curso de estos viajes al extranjero, Maquiavelo se encontró con muchos de los personajes que figurarían prominentemente en “El príncipe”, como César Borgia, el hijo del papa Alejandro VI.

La carrera política de Maquiavelo se produjo después de que los Medici fueron expulsados de Florencia en 1494.

El gobierno de reemplazo inicial, la “teocracia” del fraile dominico Girolamo Savonarola, terminó con la ejecución de Savonarola en 1498, antes de que Piero Soderini fuera elegido gonfaloniere (líder) de por vida en 1502.

Pero en 1512 los Medici, apoyados por las tropas españolas, derrocaron a Soderini y recuperaron Florencia, y poco después Maquiavelo fue acusado de conspiración, torturado y encarcelado, antes de ser exiliado en la primavera de 1513 a su granja en Sant’Andrea en Percussina, en las afueras de la ciudad.

El 10 de diciembre de 1513, Maquiavelo describió su nueva rutina en una carta a Francesco Vettori.

Después de la cena, escribió, le gustaba retirarse a su estudio y “conversar” con antiguos filósofos y pensadores antes de tomar notas de sus conversaciones.

Esos debates, y sus experiencias como segundo canciller, fueron la base de “El príncipe”, como reconoció Maquiavelo en la dedicatoria de la obra.

Maquiavelo afirma ahí que el regalo más valioso que le podía ofrecer a Lorenzo di Piero de Medici, el nieto de Lorenzo el Magnífico (1449-1492), el famoso gobernante de facto de Florencia, era su “comprensión de las obras de los grandes hombres”.

Una comprensión que, según el autor de “El príncipe”, había ganado a través de “un largo conocimiento de los asuntos contemporáneos y un estudio continuo del mundo antiguo”.

La “verdadera realidad”

Fue esta mezcla de experiencia personal y estudio lo que informó el ‘corazón oscuro’ de “El príncipe”, es decir, los capítulos 15 al 19, en los que Maquiavelo delineó las virtudes que necesitaba un “nuevo príncipe”.

La distinción era crucial, pues la única preocupación del nuevo príncipe era “mantener su estado”, tanto en el sentido personal como en el político, por lo que Maquiavelo adaptó sus consejos en consecuencia.

Como lo dejó claro al comienzo del capítulo 15, no le dedicó mucho tiempo para las repúblicas o las utopías idealizadas: “dado que mi intención es decir algo que resulte de utilidad práctica para el investigador, he considerado apropiado representar las cosas como son de verdad en la realidad, en lugar de como son imaginadas”.

Y el deseo de Maquiavelo de reflejar la “verdadera realidad”, tal como la entendió, lo llevó a alterar o ignorar aspectos de la plantilla ética clásica y cristiana que había dominado durante siglos la teoría política medieval y renacentista.

Moral vs. conveniencia

La principal fuente de Maquiavelo para los capítulos sobre virtudes principescas fue “Sobre los deberes” o “De oficios” (De officiis), de Cicerón, la obra más popular de la prosa latina clásica en el Renacimiento.

Una de las obras finales de Cicerón fue una discusión sobre los principios básicos del deber moral y las reglas prácticas para la conducta personal, dividida en tres libros, y el tercero de ellos examinó el conflicto entre la rectitud moral y la conveniencia.

Lee también:¿Cómo funcionan los saunas infrarrojos?

Advertisement
Advertisement