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Tecnología

13/10/2019 3:40 pm ET

Entérate de la pedofilia detrás de la aplicación WhatsApp

Ya ni nuestra mensajería esta segura de estos horrores

Varios padres angustiados han estado reportando, en las últimas semanas, que una broma escolar está dejando a sus hijos sin acceso a Whatsapp: al querer usar el mensajero, y si previo aviso, un cartel en la aplicación les informa que el número de teléfono tal ha sido bloqueado y ya no podrá usar Whatsapp. Lacónica, la app sólo sugiere “contactarse con soporte” para recibir ayuda. La aplicación no se puede usar: no se pueden enviar ni recibir mensajes, ni acceder al contenido previo.

Y no hay motivo aparente para que la compañía haya tomado esa decisión, hasta que se cae en la cuenta de que justo antes del bloqueo hubo alguna clase de actividad extraña en un grupo de chat que integra esa persona. Todos los integrantes del grupo quedan suspendidos: todos ven el mismo cartel; al contactarse con el soporte de Whatsapp ( [email protected]), los usuarios reciben la misma respuesta: ” Tenemos motivos para sospechar que la actividad de tu cuenta ha violado nuestras Condiciones del servicio y decidimos mantener tu cuenta suspendida. Recibimos una numerosa cantidad de quejas acerca de tu cuenta, y para proteger la privacidad de nuestros usuarios, no revelaremos la naturaleza de dichas quejas. Las respuestas a este correo no serán leídas.

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Pasó en la ciudad de Corrientes, en Santiago de Chile y, esta semana, en el Cristoforo Colombo de Belgrano, y en el colegio San Lucas, de Zona Norte, como pudo comprobar LA NACION, entre otros colegios.

Por qué suspenden la cuenta de Whatsapp

¿Qué está sucediendo? En el último tiempo, Whatsapp ha comenzado a cerrar millones de cuentas en todo el mundo, luego de que se supo que el mensajero se usa para intercambiar pornografía infantil, aprovechando la encriptación de extremo-a-extremo de sus comunicaciones (nadie, ni Whatsapp, puede saber qué contienen los mensajes que intercambian los usuarios). En enero de este año dos organizaciones israelíes alertaron sobre la profusión de grupos dentro de Whatsapp dedicados a la pedofilia; desde entonces la compañía ha cerrado miles de esos grupos y, dice, está suspendiendo cuentas a un ritmo de 2 millones por mes de los 1500 millones que tiene en todo el mundo. Nada impide, está claro, que alguien que fue detectado como distribuidor de pornografía infantil y cuya línea fue bloqueada no use un nuevo número para volver a estar en Whatsapp; la compañía no hace comprobación de identidad al aceptar un usuario nuevo.

Estos grupos aprovechan la popularidad de Whatsapp y el hecho de que todo el contenido compartido está cifrado, es decir, no puede saberse qué contiene un archivo si no se es el destinatario. Pero la compañía implementó herramientas de análisis en sus servidores, que analizan algunos de los datos compartidos en busca de pistas que indiquen que ese grupo o usuario difunden contenido de este tipo. Esos datos (que son los únicos, según le confirmó Whatsapp a LA NACION, que no están cifrados) son: los nombres de los grupos y sus fotos de perfil, y los nombres y fotos de cada usuario.

El desafío estudiantil consiste en engañar a ese software de análisis para hacerle creer que, efectivamente, ese grupo de chat es parte una red de distribución de pornografía (cambiando el nombre del grupo, por ejemplo). Alguna de esas palabras clave dispara el alerta del sistema automático, que preventivamente bloquea a todos los participantes del grupo de seguir usando el mensajero.

Es una broma, pero que puede afectar a múltiples inocentes y de una forma brutal, teniendo en cuenta el papel central que Whatsapp tiene hoy en la vida de muchísimos adolescentes. Y alcanza con que alguien haga la broma en cualquier grupo (incluso uno antiguo que ya no está en uso) para desencadenar el castigo de Whatsapp. Se quedan sin acceso a los mensajes; los archivos de audio, las fotos y los videos pueden rastrearse en la galería de imágenes y demás, pero sin referencia de cuándo fueron publicados.

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Obviamente el teléfono en sí funciona, pero esa línea queda en una lista negra para Whatsapp (no afecta al resto del dispositivo), y la compañía no permitirá que se vuelva a usar ni aunque se reinstale la aplicación, lo que desencadena pedidos desesperados de los chicos para comprar una línea nueva e instalarla en ese teléfono (recuperando el uso de Whatsapp pero como un usuario nuevo, sin contactos, ni grupos, ni nada), algo que a priori hay que evitar hasta tener más novedades.

Fuente: lanacion.com.ar

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