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Internacional

13/02/2019 11:58 am ET

La señal de que hasta el Papa le da la espalda a Nicolás Maduro

Quizás, ese era el último gran aliado al que el régimen podía aferrarse, pero ni el Vaticano le cree

Papa Francisco

El Papa Francisco finalmente respondió la carta enviada por Nicolás Maduro, en la cual el usurpador pedía mediación del pontífice para salir de la crisis que vive su país, donde Juan Guaidó está ejerciendo como presidente encargado, aumentando la presión sobre el régimen.

Sin embargo, probablemente la respuesta no fue lo que Maduro esperaba, comenzando por el encabezado donde el Papa se refiere a él como “excelentísimo señor Nicolás Maduro Moros”, y no como presidente.

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La carta tiene una extensión de dos páginas y media y lleva la casi invisible firma de “Francisco”, como deja ver el artículo del medio italiano. La comunicación aclara lo que quiso decir el pasado 8 de febrero el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Piero Parolin, cuando habló de la “neutralidad positiva” de la Santa Sede con respecto la crisis política que se vive en Venezuela.

En los fragmentos de la carta que fueron difundidos por el diario italiano Corriere della sera, Francisco le recuerda a Maduro los intentos anteriores por llevar a cabo un diálogo fructífero en su país, todos fracasados, señalando que “desafortunadamente, todos fueron interrumpidos porque lo que se había acordado en las reuniones no fue seguido por gestos concretos para implementar los acuerdos”.

Luego va más allá agregando que “las palabras parecían deslegitimar las buenas intenciones que se habían escrito”.

Pese a esto el Papa reitera que siempre ha estado a favor de una mediación, puntualizando que ésta “no se trata de diálogo (…) sino de lo que ocurre cuando las diferentes partes en conflicto ponen el bien común por encima de cualquier otro interés y trabajan por la unidad y la paz”.

La carta termina señalando que “la Santa Sede indicó claramente cuáles eran las condiciones para que el diálogo fuera posible”, es decir, que ambas partes en conflicto lo soliciten, y finaliza pidiendo a Maduro “evitar cualquier forma de derramamiento de sangre”.

La política del Vaticano

Las palabras que usa el Papa en la carta, sin embargo, siguen siendo cautelosas. Tan cautelosas que corren el riesgo de ser malinterpretados: casi el signo de una eliminación progresiva e inexorable del papado argentino de las alianzas occidentales y su dinámica.

Sin embargo, la prudencia de Francisco parece responder al deseo de mantener una posición mediana entre Estados Unidos y Europa, favorables al reconocimiento del presidente encargado, Juan Guaidó, así como de China, Rusia, Turquía e Irán, que en cambio apoyan al inestable régimen de Maduro, liderados por importantes intereses económicos y geopolíticos. Junto con Cuba, son los mayores financistas y, por lo tanto, los acreedores del régimen. Más allá de la cautela diplomática, el juicio de Francesco y sus asesores sobre Maduro es evidente que es que negativo.

El enviado de Dios

A principios de 2019, el uruguayo Guzmán Carriquiry Lecour, vicepresidente de la Comisión Pontificia para América Latina, uno de los activistas católitos más escuchados por el Papa, escribió en un boletín oficial de la Comisión: “Qué pecado” y que “utopía” la de un” socialismo del siglo XXI que ha degenerado el régimen autocrático  del presidente Maduro,  que se ha convertido en un fracaso económico total y en la miseria social”. Y pidió “un gran proyecto alternativo de reconstrucción nacional y movilización popular” para Venezuela.

Un mes más tarde, sin embargo, la situación ha dado un giro dramático: hasta el punto de que cualquier mediación probablemente aparezca fuera de plazo. De este temor, en la carta de Francisco se nota una huella profunda al final: allí donde le explica a Maduro que “perturba profundamente la situación”. Y confiesa que está preocupado por “el sufrimiento que no parece tener fin, del noble pueblo venezolano”.

Quizás, esa era  la última mano extendida a la que el régimen podía aferrarse. Pero incluso el papal ahora parece ser una mano generosa, y al mismo tiempo cauteloso, o no tan generoso.

Redacción Contexto Diario

Fuente: Corriere della sera

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