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Internacional

24/08/2018 9:55 am ET

La conmovedora historia de los venezolanos “adoptados” por brasileños

“Las Mujeres del Bien” es un grupo de whatsapp que se dedica a la tarea solidaria.

venezolanos adoptados por brasileños

Ante la crisis económica que enfrenta Venezuela, miles de residentes  han tenido que abandonar sus hogares en busca de una nueva oportunidad de vida. Muchas son las historias afortunadas, como la de un grupo de venezolanos “adoptados” por brasileños.

Ante el problema, un grupo de mujeres se conmovió con las historias de migrantes que llegan a Brasil y decidió hacer algo al respecto pagando los gastos básicos de manutención de cada venezolano ‘adoptado’.

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“Las Amigas del Bien”, es el nombre del grupo de mujeres que a través de Whatsapp se organiza y ayuda a refugiados venezolanos, brindándoles hogar, comida y trabajo.

Una de esas mujeres es Joyce Simões, quien es una especie de “madrina” para tres hombres que dejaron una vida en Venezuela.

Los ahora refugiados, tenían diferentes ocupaciones, uno era médico y soldado del ejército, los otros dos, trabajaron en diferentes áreas del sector petrolero, ahora son lavaplatos o vigilantes, pero según sus propias palabras, todo es mejor que la vida que llevaban en su país de origen.

Las mujeres se conmovieron al oír las historias de venezolanos que, desesperados por la crisis económica y política en su país, lo dejaron todo y viajaron a Brasil.

“Queríamos ayudar, pero no sabíamos cómo. Tuvimos una oportunidad y hablamos: ‘¿Lo hacemos? Lo hacemos”, cuenta Simões, rodeada de centenares de ganchos de ropa en la tienda de segunda mano que administra en la ciudad.

Parte del dinero con el que ayuda a los cuatro venezolanos de Indaiatuba sale de este negocio. Otra parte proviene de donaciones de amigos y miembros del grupo de WhatsApp.

“Hablamos con las personas de la ciudad, que nos ayudaron de varias maneras, una donó una cosa, otra encontró una casa, otra consiguió un empleo y así”, afirma.

Luis Nelson Baena, de 42 años, es uno de los venezolanos que recibe apoyo de “Las Amigas del Bien”, él viajó a Brasil en septiembre del año pasado, dejó en Venezuela a su mujer y sus cuatro hijos, partió cuando la situación económica se volvió desesperanzadora.

Su historia de migración, es desgarradora, llegó a vivir en las calles de Roraima. “En Boa Vista, esperaba hasta las 11 de la noche para recoger los restos de comida que una panadería dejaba fuera. Así vivía, amigo”, cuenta sentado en la cocina de su casa en Indaiatuba.

Después, fue cargador de camiones y, bajo el amparo de la organización humanitaria Fraternidad Sin Fronteras, consiguió un pasaje a São Paulo, donde vivió unos días en un albergue.

Así conoció a Simões, quien lo llevó al interior, pagó su alquiler y le consiguió un empleo nocturno en un estacionamiento. Hoy, Baena gana US$370 al mes y envía la mayor parte de esta suma a su familia en Venezuela. Pero hace casi un año que no ve a su mujer y sus cuatro hijos.

La familia se comunica a través de mensajes que Baena envía a una vecina de su esposa. “Hasta compré un celular para mi mujer. Lo usó 20 días hasta que se lo robaron.

“Hablamos muy poco”, lamenta. “Mi sueño es traerlos a Brasil”.

Es el mismo sueño de Teoscar Ramón Mata, de 29 años, que dejó a su mujer y sus tres hijos pequeños en El Tigre, en el estado Anzoátegui.

El día de su partida, le pidió a su esposa que lo acompañara hasta la carretera. “Yo no quería vivir aquella despedida, dejar tus raíces atrás es un momento muy triste. Mi familia estaba pasando hambre y yo, de manos atadas. Tenía que hacer algo”, cuenta.

Ahora, Mata vive en Indaiatuba. Trabaja como auxiliar de cocina en un restaurante, un empleo al que también llegó por intermediación de Simões, a quien él llama “madre”.

“Ayudar es una cuestión de ciudadanía”

El ingeniero agrónomo Pedro Onofre, de 46 años, es otro brasileño que decidió ayudar a inmigrantes venezolanos. En mayo, conoció a German, médico y ex capitán del ejército venezolano que contó haber sido perseguido por participar en la oposición al gobierno de Nicolás Maduro.

Vivió casi un año en albergues de Boa Vista hasta que dio con Onofre por indicación de un amigo.

Onofre le prestó a German una casa en Brasilia para que se quedara allí unos meses. Después, le consiguió un empleo como auxiliar de logística en su propia empresa.

“Los inmigrantes y refugiados llegan muy sacudidos por esos procesos que son casi de expulsión del propio país. Con el tiempo, van recuperando la autoestima”, dice.

El ingeniero ayudó al venezolano a llevar a Brasilia a siete miembros de su familia. Ahora, la suegra de German también trabaja en la empresa.

“Él todavía tiene un hijo pequeño que se quedó en Venezuela, pero estamos tratando de traerlo a Brasil también”, cuenta Onofre. “Yo le ayudo porque es una cuestión de ciudadanía, un compromiso de humanidad”.

Redacción Contexto Diario

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