Al día siguiente, otra familia de cinco integrantes, entre ellos una niña de 8 años, condujo dos motocicletas hasta el control policial en la entrada de una comisaría y detonaron sus explosivos de fabricación casera hiriendo a 4 policías y a 6 civiles.

Los padres y dos hermanos mayores murieron pero la niña de 8 años sobrevivió y fue recogida en brazos por un policía que portaba un chaleco antibalas en lo que se ha convertido en una imagen icónica de los ataques.

“Los atacantes usaron intencionadamente sus propios hijos, que tenían edades entre 9 y 18 años, para o bien portar y detonar explosivos o acompañar a los padres que cometieron los atentados”, dijo HRW en un comunicado.

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El investigador para Indonesia de HRW, Andreas Harsono, indicó que el suceso muestra “los riesgos a los que se enfrentan las minorías religiosas” en el país asiático y agregó que “el horror de los ataques ha sido magnificado por el uso de niños”.

Por su parte el presidente de la Comisión Nacional de Protección de los Niños, Arist Merdeka Sirait, indicó a la agencia de noticias indonesia Antara que “los niños no están en posición de entender lo que está pasando” por lo que son víctimas también de la violencia.

Los sucesos del domingo y el lunes suponen el primer caso de uso de niños en atentados yihadistas en Indonesia, y la primera vez que mujeres consiguen perpetrar ataques suicidas con explosivos en el país asiático.

Según la policía, los padres de familia pertenecían a una célula de un grupo yihadista afín al Estado Islámico, que reivindicó los ataques sin aportar pruebas a través de la agencia vinculada al grupo Amaq.

El 88 por ciento de los más de 260 millones de habitantes de Indonesia practica un Islam moderado, aunque existen minorías significativas de otras religiones.

Indonesia ha sufrido varios atentados yihadistas, entre ellos el perpetrado en la turística isla de Bali en 2002 que causó 202 muertos. EFE