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Internacional

02/08/2018 3:17 pm ET

El dramático éxodo de los venezolanos perseguidos por la pobreza

Para muchos las penurias se extienden más allá de la frontera.

Un terreno de unos 100 metros cuadrados frente al terminal de autobuses de Carcelén, un barrio del norte de Quito, en Ecuador  es el refugio temporal de cientos de venezolanos que llegan cada día a ese lugar con lo puesto y la esperanza de poder viajar al vecino Perú.

Carlin, una venezolana de 26 años, necesitó 12 días para viajar desde su natal Valencia, hasta Quito, con su bebé en brazos enfermo de bronquitis.

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Sin recursos para continuar su viaje, pernoctó en una improvisada carpa hecha con plásticos y cartón en el reducido recinto acolchado por el pasto junto a la terminal, desde la que espera partir pronto.

“Mi meta es llegar a Perú, necesito estabilizar a mi hijo”, dijo a Efe  al observar a su pequeño caminar entre maletas y cajas del campamento venezolano y agregó con nostalgia: “Él nunca había salido de su casa”.

Cruzaron Colombia “halando dedo” viajando de día y buscando refugio de noche, teniendo que dormir en ocasiones en bodegas abandonadas o apoyados en el tronco de un árbol cuando no había más opción.

“Una vez nos corrieron de un lugar, nos dijeron ladrones porque nos acostamos a dormir ahí”, recordó.

Como ella, cientos de venezolanos llegan a este punto de la capital ecuatoriana, desde el cual la mayoría busca a través de la caridad o de trabajos temporales, reunir los 15 dólares que cuesta el boleto de autobús para poder desplazarse a Huaquillas, frontera ecuatoriana con Perú y destino final de muchos.

Las precarias carpas dejan entrar por la noche el frío y la lluvia de la capital andina, cuya altura es de unos 2.800 metros, para los pocos acostumbrados venezolanos que proceden de la región costera.

Sin embargo, Carlin sonríe hoy al explicar que era la primera vez que podía limpiar a su hijo de un año con toallas húmedas y colocarle pañales desechables en vez de franelas.

De tanto en tanto, los gritos de ecuatorianos que requieren carpinteros, plomeros o electricistas interrumpe la rutina de los refugiados.

El promedio de venezolanos que ingresa al país es de 4.000 al día, según la Vicepresidencia ecuatoriana.

En las primeras horas del día los venezolanos del improvisado campo forman una fila para recibir por parte de voluntarios plátano maduro, pan y café caliente, “para calentar los huesos”, comentó un inmigrante mientras se llevaba el vaso a la boca.

En el terreno que utilizan como refugio temporal en Quito los venezolanos lavan sus prendas de vestir a la intemperie y las cuelgan en una torre de electricidad cercana. Algunos estaban enfermos y tosían, esperaban que les donen medicinas.

A este campamento llegan en promedio –indica Rubén Peña, voluntario que ayuda a los venezolanos en Ecuador- unos 50 venezolanos diarios. De esa cantidad, el 90% se moviliza a Perú. “Empezamos en la Terminal Terrestre de Carcelén y una empresa privada nos ayudó con un galpón en la avenida 10 de Agosto”. A ese espacio se le denominó albergue ‘La Gran Sábana’. Fue abierto hace una semana, pero muchos venezolanos han decidido abandonar esas instalaciones y pernoctar en la vía pública.  Según Peña, “por la mala gestión y la organización de la parte administrativa de ese albergue (…) Muchos de los venezolanos no estaban de acuerdo con lo que hacían” y salieron de ahí.

Para el dirigente, la gente no puede quedarse por mucho tiempo ya que el albergue es un centro de descanso temporal, para hidratación y aseo para quienes viajan a otros países, no para quienes buscan quedarse en Ecuador. “Se van a Carcelén porque allí saben que van a tener ayudas más directas, porque está junto a la terminal. Ahí pueden pedir dinero, vender caramelos y tener, de alguna manera, menos control”.

venezolanos perseguidos por la pobreza

Redacción Contexto Diario

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