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Internacional

15/01/2021 1:35 pm ET

Ejecutaron en EE. UU. a prisionero que tenía secuelas por COVID-19

Abogados se opusieron a la inyección

El Gobierno de Estados Unidos ejecutó el jueves a un narcotraficante por su participación en una serie de asesinatos en la capital de Virginia en 1992, a pesar de los reclamos de sus abogados de que la inyección letal podría causarle un dolor insoportable debido a daños pulmonares causados por una reciente infección de COVID-19.

Corey Johnson, de 52 años, fue declarado muerto a las 11:34 de la noche, en el complejo penitenciario federal en Terre Haute, en Indiana.

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La ejecución de Johnson y la otro recluso, Dustin Higgs, prevista para el viernes, fueron las últimas antes de la juramentación del presidente electo, Joe Biden, quien se opone a la pena capital federal y ha indicado que acabará con su uso. Los dos reclusos contrajeron el coronavirus, lo que les valió una suspensión temporal de su ejecución esta semana, antes de que los tribunales superiores permitieron que el proceso siguiese adelante.

Los abogados alegaron que las inyecciones letales de pentobarbital causan un edema pulmonar, donde el líquido llena rápidamente los pulmones que provocan una sensación similar a la del ahogamiento. El nuevo argumento era que el líquido llegaría a los pulmones del preso, dañados por la COVID-19, de inmediato, mientras estaba aún consciente.

Johnson estuvo implicado en uno de los peores episodios de violencia de pandillas en Richmond, con 11 muertos en 45 días. Él y otros dos miembros de la banda Newtowne fueron sentenciados a muerte por la ley federal contra narcotraficantes a gran escala.

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